“Un niño de Burguiba degüella su herencia”

Diapositive1    El Gorila sentía vértigo cuando recibía desde abajo una nueva ofensa de Ali Perros. La voraz desolación lo destrozaba. Se contuvo. Su mirada planeaba por las azoteas de la ciudad. A sus pies, las criaturas, cual público de un cantante célebre, Michael Jackson tal vez, en pie, para el espectáculo mudo. Pasó su vida entre la muchedumbre, masticando las calles. Mientras trepaba por las escaleras se hacía promesas mutuas con las sirvientas en las azoteas, y en los ascensores de madrugada. Pensó: Ni uno de esos ha probado a tirarse a una sirvienta de madrugada en un ascensor averiado. Algo enigmático le ocurría siempre con ella. Algo de mediocridad remojada en placer cuando el almuecín sorprendía su libido mientras él la iba sorbiendo despacio de la sirvienta pasada la media noche. Una voz  le dejaba estar seguro. Ahí estabas tú, como siempre recibiendo  tu día con veneración,  a cambio de hacértelo con una de ellas en secreto.    Yet no era lo suficientemente malvado para herirle, y el cinismo de Ali Perros no bastaba para perturbarlo. Lo que le ocurría era otra cosa. Un terremoto le zarandeaba las entrañas, sus capas más profundas. Sin previo aviso le zarandeó una sacudida hasta que el orinal del mundo con el pozo salado se erigieron delante de él, acorralado entre ambos con una piedra y los vítores de niños viejos; niños del polvo que provenían de la historia y se infiltraban en el corazón desde los resquicios de la memoria, desde los poros de la piel y las decrépitas mirillas. Desde las esquinas y las intenciones. Desgarrándose se veía a sí mismo. Una apariencia de serpiente errante sobre las polvorientas matas de artemisia.    De repente se acordó de Burguiba. Lo visitó por primera vez en sus sueños cuando aún estaba en la cárcel cumpliendo condena por acosar a una anciana. Después de aquello, empezó a verlo constantemente. Lo destapaba y lo dejaba a la intemperie conservando su sempiterna sonrisa. Se envolvía en la manta de El Gorila y se giraba desternillándose de risa mientras él permanecía desnudo.   Recordó aquella noche  cuando lo vio vestido con su gabán de seda. Avanzó hacia él y se sacó de la manga una naranja grande. El Gorila tenía un hambre atroz. Le dio un mordisco y el jugo corrió entre sus dedos. Notó como se le pegaban unos con otros. Intentó separarlos sin éxito. Lanzó la naranja convertida ya en una pelota negra. La mano de El Gorila se había transformado en un muñón de carne prieta y empezaba a hincharse. Sentía que le pesaba muchísimo, tanto que no era capaz de soportarla. Se le cayó al suelo. Quería levantarla, pero no podía. Empezó a gritar y los presos que tenía alrededor miraban su mano asombrados, mientras Burguiba se reía desde el quicio de la puerta señalando hacia su palma blanca. Sus piernas bajo el gabán asomaban como las patas de una bestia extraña cubiertas de pelo negro.    Salió del sueño riéndose. Las mismas caras que había visto en él, lo asediaban ahora. Los presos, sentados a su alrededor, le preguntaban que le pasaba e intentaban calmarlo.    Muchas veces se lo había cuestionado: «¿Por qué odio a ese hombre que me ha dado el apellido? ¿Por qué me preocupo por él? Jamás me ha hecho daño. Todo lo que hizo fue darles a los niños abandonados un mismo apellido.» Cuántas veces se había preguntado en voz alta: « ¿Por qué me desprecio tanto a mí mismo? Todos nosotros somos niños de Burguiba, incluso aquellos que tienen padres. Todos somos sus niños. Desde que éramos críos nos enseñaron a vitorear a Burguiba…».   Cuando volvió a él la imagen de Yet sacándole la lengua con obscenidad, su pecho se ennegreció, y un dolor malvado se hizo más intenso. Le exprimía la cabeza: «Yo no soy como los demás. Yo soy uno de los niños de Burguiba. Yo soy un hijo del pecado, negro, abandonado y vendido como un esclavo por una promesa o un contrato».   Él sabía que hasta el día de hoy solo era alguien que le vendía su cuerpo a las mujeres. Se le acercaba una, le mostraba su cuerpo, y apenas decaía su excitación, lo abandonaba con desdén como si se tratara de un objeto. Se lo tiraban en secreto, a escondidas, como si fuera una despreciable prostituta y como tal exactamente, le pagaban.   Recordó cuando se lo hacía con él aquella viuda potentada.   Le daba en prenda las camisas de su marido muerto y sus pantalones, y él empezó a acostarse con ella a cambio de un recuerdo. ¡Cuántas veces lo tuvo que esconder en la cocina o el aseo cuando el timbre de la puerta la sobresaltaba mientras él estaba allí!   No era más que uno de los niños expósitos de Burguiba. Recordaba como lo  trataba. Le ordenaba como a un cachorro que se bañara con jabón, que se perfumara con la colonia que ella elegía y se pusiera el batín de su marido. Después se quedaba de pie delante de la cama abriendo los brazos como un tonto, mientras ella se afanaba en libarle el jugo de la memoria. ¡Qué sumiso era en aquellas posturas que hacían a todo hombre sentirse poderoso! Entonces no estaba feliz con su virilidad. Era una virilidad ficticia. Una virilidad  fuera de lugar, pues él no era dueño de sí mismo, era un niño de Burguiba que no había heredado de él más que su único testículo. ¡Qué irónica esta vida que le privaba de todas sus características, pero le concedía su atributo más miserable! Había descubierto por casualidad que tenía un solo testículo. En aquel entonces no sabía que Burguiba también tenía solo uno, y cuando lo leyó en su biografía, le hizo tanta gracia que se le escapó el fuelle… « Eh… ¿Todo lo que he heredado de él ha sido un testículo huérfano? Mi única  — “Un niño de Burguiba degüella su herencia” مقطع من رواية الغوريلا لكمال الرياحي بالإسبانية  ترجمة: نويمي فيرو

A propos kamelriahi

KAMEL RIAHI Kamel riahi: tunisian novelist and journalist , born in 1974. He works as a cultural correspondent for prominent universal broadcasting including; newspapers, televisions and news agencies. He worked as the head of translation department at Arab Higher Institute for Translation in Algeria .In 2010, he returned to Tunisia where he joined the ministry of culture and took charge of the cultural panel in important spaces in the Tunisian’s capital. In 2007, got the “Golden Alcomar” prize to the best novel named “the scalpel” in Tunisia.In 2009 he was the only winner in “the Beirut 39” literary contest organized by high festival foundation to choose only 39 best arab novelists .One of the best five writers under the age of forty selected to participate in “the Bouker’s competition for two rounds. He issued a set of literary and monetary books such as; “Gulls memory” , “Stole my face” , “the scalpel” , “the gorilla” , “the movement of narrative fiction and it’s climate” and “thus spoke Philippe lejeune” and “the novel writing of wasiney al aaradj”.Some of his works have been translated into French,English,Italian,Hebrew and Portuguese languages.
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